La dona del balancí
Manel Boixadera Jiménez i Gemma Jiménez Arias
Pintura i escriptura
60 x 50 cm
Serveis de Salut Mental del Berguedà-Venuda-
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Gemma Jiménez, filla d’un comerciant molt simpàtic i atractiu aficionat a la pesca, i una dona fatal filla d’anarquistes criada entre monges i, en definitiva, forta però faltada de ‘carinyo’.
Doncs Gemma Jiménez és la única propietària dels últims textos que es conserven de la llegendària història que amaga El diari de La dama del Balancí.
També n’és l’autora, i també és la meva mare.
Sobre el “quadro” de ‘La dama del balancí’: La imatge em va venir al cap una tarda avorrida de rutina obligatòria. Al matí havia llegit els únics fragments que encara es conservaven del diari de ‘La dama del balancí’. Aquella fantàstica història em rondava pel cap des de llavors, encara que en aquell moment no n’era del tot conscient, en aquell moment que totalment absort en els meus pensaments em va venir a la ment com una gran explosió… LA IMATGE D’UNA VELLA COBERTA DE MOSQUES.
No vaig tardar ni un minut en fer un petit esbós sobre un full de paper de llibreta. Confesso que no tenia ni idea del per què d’aquella imatge i he de dir que mai, sense excepcions, mai, explico a ningú els dibuixos que tinc intenció de pintar, però aquell dia va ser diferent i quan vaig trobar-me davant meu a me mare, que venia de fer la compra diària, sense pensar-ho ni per un instant vaig girar-me a obrir el calaix on guardava aquell dibuix tan estrany i li vaig presentar com els nens petits ho fan quan han fet el dibuix.
– Mira, vaig dir, una dona envoltada de mosques.
LA DAMA DEL BALANCÍN
Mª Gemma Jiménez Arias– Vente gemita, vamos a jugar al parque… ten cuidado gemita que va a pasar un coche…
– Abuelito, ¿Cómo estás?
– “Neenaa”, que tu abuelito no va a hablar más, que no está bien, no sabe lo que te dice….
—
Vamos corriendo por el bosque, vienen detrás nuestro, saltamos unos troncos, parece que nos van a alcanzar…
– Hay membrillos?
– Dame uno y coge uno para ti! Mira, muérdelo, mastica, solo chupa el jugo y luego lo escupes…
– Es muy áspero…
– Lo ves? Cuando sean maduros casi se podrán comer crudos.
– No tengas miedo, en el bosque siempre encontraras algo para comer… Fíjate en el tronco de los árboles para saber dónde está el norte… no te vas a perder…
– No sé dónde estoy, tengo miedo… no veo a nadie…
—
El balancín empezaba su baile.
—
– Chemi, ¿dónde estás? ¿Dónde estás?
¿Dónde estoy?
Estaba sola en esa cabaña odiosa en el bosque, la playa no muy lejos… pero no había nadie. Llamaba a su gente, pero sólo había un enorme espejo ante ella, el sonido de los pájaros, los insectos, el mar.…nadie…
Incapaz de salir de su rincón, adelante y atrás en un frenético balancín, frente a la luna del espejo que le devolvía la imagen irreconocible de un ser que le aterraba.
¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?
—
Un sudor frio le recorría la espalda, el pavor se apoderaba de ese pobre despojo de humanidad.
No había ventana ninguna, nadie al otro lado la habitación, se hacía cada vez más pequeña, ¡más estrecha! El aire se había vaciado, el balancín no cesaba en su frenético movimiento: adelante, atrás adelante atrás…
¿Dónde están todos? ¿Por qué no contestáis? ¿por qué no venís en mi ayuda?
– La hemos encontrado… ¿Cómo está?
-Nada que hacer
– Hay unos papeles en el suelo. Recógelos y a ella súbanla al barco, a ver que se puede hacer…
—
La habitación de la casa, de estilo colonial, tenía un gran ventanal des de el que se disipaba una naturaleza exuberante, exótica… El mar, el bosque de palmeras tan frondoso, transmitía una sensación de paz inmensa. Sin abrir las ventanas podías oler aquella mezcla de verdor, de salinidad del mar, que se movía en un tranquilo ir y venir de olas. Escuchar el sonido lejano de las aves, la suave brisa que mecía las hojas de los árboles… Era como un remanso de paz. Allí sin embargo estaba ella encerrada entre cuatro paredes, en el viejo balancín que la arrastraba hacia adelante…. hacia atrás… un ir y venir constante mientras hablaba con esa figura al otro lado del cristal….

